Resultados de búsqueda para: tomate

Mejoramiento colaborativo de maíz en Pergamino

Taller de mejoramiento colaborativo de maíz en Pergamino

El martes 28 de enero viajamos a Pergamino para realizar un taller de co-diseño de variables de observación de maíz para el mejoramiento colaborativo junto a un equipo de mejoradores y productores de lujo. Entre los mejoradores estaba Daniel Presello, de INTA Pergamino, y Gustavo Schrauf y Pablo Rush, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Entre los productores, Enrico Cresta (integrante del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica, MAPO), Claudio Demo (también docente de la Universidad Nacional de Córdoba), Milton Vélez y Sergio Toletti (integrante de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología), de Río Cuarto, Córdoba; todos ellos trabajan sus semillas hasta desdibujar la tradicional línea que separa producción de mejoramiento.

El objetivo del taller era poner en común cuáles son los rasgos que se toman en cuenta para evaluar y seleccionar plantas y semillas de maíz, tanto desde los puntos de vista de quienes hacen mejoramiento vegetal como desde los de quienes producen. Este trabajo colaborativo permite construir mejor el cuaderno de campo de la plataforma Bioleft, para que releve datos que luego resulten información útil para el mejoramiento participativo. Con ese fin, doce personas viajamos desde sur y norte hasta encontrarnos en las oficinas de INTA Pergamino.

¿Qué mejorar y para qué?

Tras una breve introducción a Bioleft, comenzamos la jornada pensando en el sentido de trabajar hacia el mejoramiento participativo, particularmente en un cultivo tan central como el maíz. Abrió el juego Enrico Cresta, desde la perspectiva orgánica: “La primera respuesta como partida sería tener un material de maíz libre de modificaciones genéticas que tenga un rendimiento aceptable respecto a un testigo y que sea el más práctico para ir mejorándolo participativamente, entre productores y entidades públicas. Podés cargar datos y ver la trazabilidad, cómo impactaron tus semillas en otros lugares”. Luego agregó: “Tenemos que lograr algo que tiene que ver con la soberanía productiva. Material que nosotros podamos manejar si tener que recurrir a tecnología ajena. Mejoramiento a través de herramientas nuestras.”

Es un lugar común que las semillas híbridas siempre tienen mejor rendimiento que las variedades. Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, puso varias preguntas sobre la mesa: “¿Mejoramos una población o generamos híbridos y evaluamos híbridos? Las tareas van a ser distintas y los modos de trabajar también. Dicen ‘al híbrido no hay con qué darle’, renunciás a algo de productividad por eso. Pero si los productores tienen acceso a esas líneas y saben mejorar, es un salto cualitativo en ese mejoramiento”. Y concluyó: “La inversión que se hizo en mejoramiento de híbridos es mucho mayor que la otra. Antes era 20% híbrido-variedad y ahora es 30%. ¿Qué componente del rendimiento es el que hace la diferencia?”

En busca del super maíz

Después de la discusión inicial, se dio paso al co-diseño de variables de observación, a través de un ejercicio lúdico. La consigna era imaginar un súper maíz: el maíz ideal para cada uno, con sus correspondientes superpoderes. Luego, con papel y marcadores de colores, dibujarlo y describirlo.

A medida que iban apareciendo en las hojas dibujos de maíces altos y fuertes, se iban decantando también los elementos que cada participante toma en cuenta a la hora de seleccionar semillas. Después de un rato, fue posible listar en el pizarrón más de treinta características. Las que más se repetían eran la altura de la planta, la tolerancia al vuelco y al quiebre, la tolerancia a la sequía y las características diferenciadoras del grano (por ejemplo, color), el rendimiento y la sanidad.

Tras una ronda de conversaciones y puesta en común, el grupo consensuó definir las seis variables principales en estos términos: “resistencia al vuelco y quebrado”, “alto crecimiento inicial”, “estabilidad y productividad (rendimiento)”, “sanidad de espiga”, “calidad de grano”, “baja susceptibilidad al mal de Río Cuarto”. Se acordó continuar el trabajo conjunto de manera remota y acordar un próximo encuentro a partir de marzo, para profundizar la elaboración de estos protocolos comunes de observación.

Este taller es parte de los tres experimentos (maíz, tomate y forrajeras) que Bioleft realiza en el marco del proyecto apoyado por Conservation, Food and Health Foundation, en los que se transfieren semillas de mejoradorxs de instituciones públicas a productorxs y se evalúa su desempeño colaborativamente, creando información relevante en el proceso. La información brindada por los participantes es sumamente valiosa, ya que ayuda a mejorar las herramientas que Bioleft ofrece a la comunidad para fomentar el mejoramiento participativo. Con estas herramientas, confiamos en ayudar a que quienes trabajan en agricultura de bajos insumos consigan las semillas adecuadas para cada cultivo.

Bioleft

Bioleft: aprender a crecer después de germinar

Bioleft transitó un proceso de intenso crecimiento en sus primeros años, hasta convertirse en un laboratorio de investigación, co-diseño e implementación de herramientas para la conservación, difusión y mejoramiento abierto y colaborativo de semillas. En el marco de un sistema agroalimentario con severos problemas de sustentabilidad, nuestro propósito es apoyar formas transformadoras de agricultura, como la agroecología, que requieren de una diversidad vegetal hoy amenazada por las prácticas agrícolas concentradas. Asegurar la circulación del material genético es fundamental para garantizar la biodiversidad y apoyar soluciones innovadoras a los desafíos de la seguridad y la soberanía alimentaria.

Nacimos como un proyecto de investigación, pero rápidamente pasamos a la acción. Tras un primer período de incubación, transitamos hoy una segunda etapa en la que estamos testeando y mejorando nuestras primeras herramientas y ampliando redes y objetivos. Es un momento propicio para mirar atrás y extraer lecciones de lo vivido: cómo nos fue hasta aquí, qué aprendimos y cómo podemos imaginar el futuro de Bioleft.

Aprendiendo a crecer

Bioleft nació pequeñx: una idea y mucho entusiasmo por parte de un grupo de investigadorxs preocupadxs por la magnitud, velocidad e irreversibilidad de los cambios en los sistemas de mejoramiento de semillas. Cada vez menos empresas, cada vez menos variedades de semillas, cada vez menos acceso, cada vez menos agricultorxs, y por lo tanto, agriculturas posibles. La idea original fue diseñar y experimentar con una licencia de código abierto para la transferencia de semillas, con el objetivo de asegurar la libre circulación del material genético para el mejoramiento a futuro. Las empresas utilizan las herramientas del sistema para cerrar las semillas, para que no se pueda acceder a ellas. Nos propusimos usar estas mismas herramientas para asegurar que las semillas permanezcan abiertas: hackear el sistema. En el trabajo con participantes de diversas esferas sociales y productivas nos dimos cuenta de que los desafíos y las posibilidades eran múltiples; una alternativa democrática y sostenible era posible, pero para empezar a co-construirla teníamos que ampliar nuestros objetivos y nuestras redes.

Así, con objetivos dinámicos que se redefinían a cada paso y conversación, avanzamos: de un enfoque centrado en las licencias a idear herramientas de innovación social con apoyo tecnológico. Ampliamos nuestro grupo de trabajo, y empezamos a trabajar en el co-diseño de múltiples herramientas para un sistema alternativo de mejoramiento vegetal: nos centramos en el desarrollo de una plataforma digital, que permitiera transferir semillas con trazabilidad, compartir información, poner en relación capacidades existentes hasta hoy dispersas y así crear nuevos conocimientos. Lxs investigadorxs no bastábamos para diseñar las herramientas, testearlas, implementarlas, hacerlas funcionar. Empezamos a trabajar colaborativamente; sumamos a nuestro equipo y red de contactos diferentes tipos de productorxs agropecuarixs, mejoradorxs de semillas tanto del sector público como del privado, organizaciones de agricultura familiar, investigadorxs y funcionarixs.

Esta diversidad de perspectivas aportó dinamismo, flexibilidad y resiliencia para cambiar de rumbo cuando fuera necesario. En la práctica funcionó como un laboratorio intensivo de innovación social. La multiplicación de actores y contactos, tanto locales como nacionales e internacionales, generó un efecto de red que habilitó un aprendizaje significativo en un lapso breve, y facilitó la difusión, que a su vez trajo más y mejores contactos. Esto nos llevó a nuestro tercer foco, tras las licencias y la plataforma: la expansión internacional. Desde junio de 2019, estamos trabajando en la implementación de Bioleft en México, junto al Laboratorio de Ciencias de la Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de México, y hemos tendido lazos con organizaciones afines a la sustentabilidad agrícola en Colombia y Chile. También formamos parte de Open Source Seeds Initiative (OSSI), una red internacional de iniciativas de semillas abiertas, junto a organizaciones de cuatro continentes.

Dos períodos, un desarrollo

Para resumir el crecimiento de Bioleft y analizar el proceso transitado, decidimos comparar dos períodos: el del lanzamiento oficial como Bioleft, 2018-2019, durante la etapa final del programa de investigación que nos incubó, y nuestra segunda fase, 2019-2020, en la que trabajamos en testeo y mejoras con el respaldo de otras organizaciones. Los resultados de la comparación impresionan: durante el primer período, la incorporación de actores, socios y semillas fue lenta; pero en la segunda, todas las variables se multiplicaron, con tasas de hasta 2000%. Veámoslo en detalle.

Elegimos medir nuestra evolución con una serie de variables ordenadas en dos grupos: uno relativo a nuestra red de instituciones y personas asociadas, y otro relativo a la producción de semillas y alimento. En el primero, medimos el número de actores e instituciones con los que trabajamos en cada período: mejoradorxs, productorxs-mejoradorxs, productorxs agrícolas; empresas, organizaciones de agricultorxs, estaciones experimentales y bancos de semillas. En el segundo grupo de variables, contamos el número de cultivos y variedades registradas en Bioleft, la cantidad de hectáreas sembradas con estas semillas, los kilos de semillas distribuidos y dos tipos de productos de la siembra: kilos de alimento y de semillas.

A partir de la comparación de estas variables entre los dos períodos, calculamos una tasa de crecimiento que resultó de 154% en las variables relativas a la red de instituciones y actores, y de 267% en relación a las variables productivas.

Red de instituciones y personas

Nuestro primer indicador de crecimiento es la expansión del equipo de Bioleft y de la red de instituciones con las que trabajamos, siempre alineado con la expansión de nuestros objetivos. En el inicio, el proyecto nació del tesón de tres investigadorxs: dos especialistas en políticas de la innovación, desde la economía y las Ciencias Ambientales, y una ingeniera agrónoma. En 2018, ya con el nombre de Bioleft, contaba con 10 personas que aportaban conocimientos desde distintas áreas, incluyendo a una abogada especializada en propiedad intelectual y materia viva, al titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, a tres productores representantes de formas alternativas de agricultura, uno de ellos integrante del Movimiento Argentino por la Producción Orgánica, otro de la Asociación Argentina por la Agricultura Biológico-Dinámica y otro de la Red Nacional de Municipios que fomentan la Agroecología; una especialista en comunicación y un asistente de investigación. Cerrando 2019, Bioleft cuenta con un equipo transdisciplinario de 15 integrantes, que sumó a un desarrollador de software, un documentalista y antropólogo, otro ingeniero agrónomo especializado en Genética y en estrecho contacto con asociaciones de productores, otra asistente de investigación y una nutricionista especializada en soberanía alimentaria.

A la vez, Bioleft creció de la mano de socios y organizaciones de diversos tipos, desde universidades hasta redes de agricultorxs. Durante el primer período trabajamos con un mejorador, 4 productores-mejoradores, 4 productores agrícolas, 4 organizaciones de productorxs, una estación experimental y una organización financiaba la investigación: un total de 6 instituciones. El efecto de red y el aprendizaje compusieron un efecto rápido: para el período actual, esas variables crecieron enormemente. Este año trabajamos con 3 mejoradores, 16 productorxs-mejoradorxs, 300 productorxs agrícolas, 8 organizaciones de productorxs, 5 estaciones experimentales y tres organizaciones que nos respaldan, junto a dos nuevos tipos de actores: una empresa y 4 bancos de semillas. El número total de instituciones asciende a 12, el doble del período anterior. Promediando los números de las cuatro variables más significativas, da una tasa de crecimiento de un 154%.

Producción de alimentos y semillas

En 2018, Bioleft alcanzó su primer hito al registrar su primera semilla: Ubuntu, una variedad de melilotus (una forrajera) mejorada por Gustavo Schrauf, jefe de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos e integrante de Bioleft. En agosto de 2018 se registró la primera transferencia de semillas Bioleft, un acto simbólico. Esa primera variedad se transfirió, en pequeñas cantidades, a representantes de la Federación de Organizaciones por la Agricultura Familiar (FONAF) y la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA). Con esa cantidad de semillas podían sembrar 0,1 hectárea, y obtener 300 kilos de forraje para alimentar animales y 50 kilos de semillas.

En contraste, durante el segundo período, 2019/2020, se registraron en Bioleft 21 variedades diferentes, correspondientes a 4 cuatro cultivares: un maíz, dos forrajeras (un melilotus y una festuca), y 18 variedades de tomate criollo, como parte de un proyecto de recuperación de sabores antiguos. A partir de la transferencia de estas semillas a 300 productorxs, se pueden sembrar 4,48 hectáreas, que podrán producir 30220 kilos de alimentos y 9342 kilos de semillas a partir de semillas registradas en Bioleft, abiertas para investigación, desarrollo y registro de nuevas variedades. Promediando las variables más significativas, la variación en relación al primer período es del 267%*.

Nuestra hipótesis es que este incremento fue motorizado por un aprendizaje rápido, sumado al efecto de red que se genera a partir de la difusión y la multiplicación de contactos. El crecimiento, lento al principio, alcanza luego ritmos exponenciales.

Proyecciones: cuatro escenarios

A partir de esta mirada al pasado, ¿qué podemos esperar del futuro? En base a las variables medidas, proyectamos cuatro posibles escenarios para los próximos cinco años, tomando como ejemplo la cantidad de variedades registradas en Bioleft.

El escenario más modesto propone una expansión lineal, con el mismo crecimiento nominal del último período, con una leve reducción en relación a aspectos institucionales. Eso implicaría que, tras registrar una variedad durante el primer año y 21 durante el segundo, se llegara a 41 en el tercero, y -en esa línea- a 121 variedades en 2024.

Sin embargo, esa proyección no tiene en cuenta la asombrosa tasa de crecimiento que percibimos, que entendemos producida por la combinación del aprendizaje rápido y el efecto de red. Si proyectáramos una tasa de crecimiento similar a la que hubo entre estos dos períodos y la aplicarámos a los próximos cinco años, acumulando a cada año los valores previos, calcularíamos unas 2700 variedades registradas de aquí a cinco años. Este es un escenario de crecimiento casi exponencial.

Podemos imaginar otros dos escenarios de crecimiento fuerte gracias al aprendizaje rápido y el efecto de red, pero con rendimientos marginales decrecientes a lo largo del tiempo con respecto al escenario anterior. Esto podría achacarse a la disminución de estos efectos, considerando que no sean lineales en el tiempo debido al choque con efectos estructurales. Es posible pensar en un cálculo de máxima y otro de mínima para esta desaceleración.

En todos los casos, cada período de Bioleft conduce a nuevos aprendizajes y vínculos y acumulación de capacidades. No es aventurado pronosticar que estas capacidades y nuevos conocimientos refuercen el efecto de red en un proceso de mejora continua. Así, Bioleft podrá ampliar su impacto en la construcción colectiva de sistemas de agricultura y alimentación más sustentables.

*Todos los números pueden chequearse en estos archivos: Production and institutional growth  e Impacts.

Por Anabel Marín, Patrick Van Zwanenberg, Almendra Cremaschi y Marcela Basch

Bioleft es elegido por The Conservation, Food & Health Foundation

Tras un largo proceso en el que se presentaron 300 proyectos de todo el mundo, Bioleft fue seleccionado junto a otras 15 organizaciones por The Conservation, Food & Health Foundation (Fundación Conservación, Alimentos y Salud) y recibirá un subsidio para investigación.

Esta fundación tiene como objetivos proteger los recursos naturales, mejorar la producción y distribución de comida y promover la salud pública en Asia, África, América latina y Medio Oriente. Para lograrlo, ayuda a construir capacidad en organizaciones a través de subsidios que apoyan la investigación o mejoran el aprendizaje y la generación de soluciones locales para problemas complejos. Financia proyectos que demuestran liderazgo local y promueven el desarrollo profesional en conservación, agricultura y ciencias de la salud, desarrollan capacidades en organizaciones locales y se enfocan en un problema en particular.

Bioleft trabaja por la soberanía alimentaria, la soberanía tecnológica y el desarrollo, promoviendo un sistema de semillas abiertas para innovación y desarrollo que facilite el mejoramiento colaborativo. El objetivo es conectar las capacidades existentes pero dispersas, crear capacidades nuevas y desarrollar innovación de manera colaborativa: generar tanto conocimiento como variedades vegetales adecuadas a prácticas agrícolas diversas, en particular orientadas a agricultura familiar, orgánica y agroecológica, cuyas necesidades no son cubiertas por la oferta de las grandes empresas semilleras.

Bioleft recibirá el subsidio The Conservation, Food & Health Foundation para llevar adelante tres experimentos simultáneos que permitan testear las herramientas digitales y legales para desarrollar mejoramiento colaborativo. A partir del conocimiento que se obtenga, se realizarán los ajustes que las comunidades productoras y mejoradoras de semillas necesiten para generar un sistema colaborativo de mejoramiento con semillas abiertas.

En este camino, se trabajará junto a tres organizaciones productoras y tres equipos mejoradores de semillas. El Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) testeará semillas de maíz provistas por el equipo de Daniel Presello, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, y registrará su evolución a través de Bioleft. La Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA) hará lo mismo con semillas de la forrajera Ubuntu, la primera semilla registrada bajo el paraguas Bioleft, provista por el equipo del mejorador Gustavo Schrauf, de la Universidad de Buenos Aires. Finalmente, la organización SembrarEco, integrante de la Asociación para la Agricultura Biológico-Dinámica de Argentina, probará las semillas de tomate que proveerá el equipo del del proyecto Al rescate del tomate criollo, comandado por Fernando Carrari, también de la Universidad de Buenos Aires.

Esta red, diversa y plena de conocimientos para compartir, es ya un inmenso logro, que auspicia lo mejor para estos tres experimentos aun antes de que comiencen. La idea es que los saberes circulen y las semillas se multipliquen. Gracias a todas las personas que se suman a esta utopía.

Taller de Innovación abierta y semillas: grandes expectativas

Heterogéneo, intenso y esperanzador. Así fue el taller de Innovación abierta y semillas que se realizó el viernes 5 de abril en el Centro Cultural de la Ciencia, en el marco del ciclo de Ciencia abierta y ciudadana que organizan la Secretaría de Ciencia y Tecnología, Cientópolis y la Fundación CENIT. Unas 50 personas de lo más diversas se reunieron para pensar juntas en posibilidades para el desarrollo. Después de tres horas de trabajo, quedó flotando la sensación de que el trabajo compartido recién empieza: el modelo de semillas abiertas es pura potencialidad.

Había ingenieras e ingenieros agrónomos de diversas áreas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), incluido el programa ProHuerta; representantes de organismos públicos como la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica, del sector académico y también de compañías de tecnología para el agro, así como productores y productoras con especialización en cultivos orgánicos y biodinámicos. También se sumó el equipo interdisciplinario que está trabajando en el proyecto Al rescate del tomate criollo, alojado en la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Desde el área de tecnología de la información participaron representantes de la cooperativa de desarrollo de software Gcoop, responsables del primero prototipo de plataforma de Bioleft.

Taller de Innovación abierta en semillas

Dinámica participativa

 

La reunión empezó con una breve presentación de Anabel Marín, directora de Bioleft: un panorama de la concentración global en el campo de las semillas, y su rol crítico tanto para la seguridad alimentaria como para la biodiversidad y la economía. A continuación, Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, contó como caso testigo la problemática del tomate criollo: pérdida de variedades a lo largo de décadas de industria agrícola, y un camino de recuperación a partir de semillas recuperadas que se comparten para multiplicarlas.

Después comenzó la modalidad de taller: las y los participantes se repartieron en mesas y se les asignaron situaciones a resolver. En algunos equipos se trabajó el caso de una empresa nacional que realiza mejoramiento genético vegetal y se enfrenta con diversos planes de incentivos; en otros, se planteó el escenario de investigadorxs de una universidad que llevan adelante un proyecto involucrando productorxs; la tercera posibilidad era encarnar a una institución pública que produce mejoramiento, como INTA o CONICET. En cada grupo se repartían además roles, tales como productor/a, investigador/a, director/a de proyectos, desarrollador/a de tecnología. El juego funcionó como disparador para una discusión muy rica acerca de las implicancias económicas, científicas y sociales de abrir -y no abrir- la circulación de germoplasma mejorado. También ayudó a pensar escenarios concretos de aplicación de Bioleft y a afinar la mirada en relación a próximos avances.

Hacia el final, los equipos pusieron en común sus ideas con aportes muy valiosos. Uno de los participantes, Enrico Cresta, productor y miembro del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica, resaltó: “En el mejoramiento participativo el agricultor retoma un papel que había cumplido durante milenios”. Se bocetaron varias propuestas de continuidad, y se abrieron líneas de colaboración en torno a este objetivo: una comunidad de productorxs y mejoradorxs soberana, dueña de sus semillas y sus decisiones. ¡Gracias a todxs por sumarse!

Experimento tomate

Guardianes de las semillas

Por Vanina Lombardi
__

Agencia TSS – Con 15 voluntarios y sin presupuesto específico asignado, un grupo de investigadores, profesionales y productores puso en marcha un programa de mejoramiento colectivo en el que los productores se convierten en guardianes de las semillas. El proyecto, liderado por la Cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), busca recuperar más de 150 variedades de tomate que dejaron de cultivarse en el país tras la consolidación de la denominada “revolución verde”, luego de la década del setenta.

“Una de las ideas que desarrollamos, junto con la de recuperar el sabor del tomate, es que la manera de garantizar la multiplicación de las semillas es ponerlas en manos de los productores, con la condición de que devuelvan el doble de semillas que recibieron”, explicó a TSS Gustavo Schrauf, profesor asociado a cargo de la Cátedra de Genética de la FAUBA, y explicó que, en general, con las semillas que se obtienen en un único tomate cosechado es suficiente para obtener la cantidad necesaria. “Si damos 10, el año que viene tendremos 20, luego 40, después 80 y así. De esa manera, se garantiza que el material genético sobrevivirá porque no va a depender de nosotros, sino de muchos que lo van a cultivar”, agregó el especialista y advirtió que buscan enfrentar uno de los problemas que detectaron en los bancos de germoplasma: la concentración de esfuerzos en un único lugar que muchas veces no tiene los recursos suficientes para multiplicar el material genético como debería.

“Se cree que el banco de germoplasma tiene que cuidar el material genético y cuidar se asocia a que el material es propio y no de la sociedad. Por eso es importante que pueda seguir siendo multiplicado por todos, por productores y también por agricultores urbanos”, destacó Schrauf, que hace algunos años comenzó a trabajar en programas de mejoramiento colectivo otorgándole un rol central a los productores (como es el caso de ciertos cultivos de maíz, en Santiago del Estero). En este caso, además de contar con la participación de profesionales de otras disciplinas como Comunicación Social, Sociología y Antropología, “también participan personas de escuelas que tienen huertas, pequeños productores, un chef y una bibliotecaria de la Villa 31, que se interesaron en el proyecto y lo han enriquecido”, ejemplifica.

El proyecto, liderado por la Cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), busca recuperar más de 150 variedades de tomate.

Liderado por Fernando Carrari, también de la Cátedra de Genética de la FAUBA, este programa que algunos denominan de “rescate del tomate criollo” comenzó a fines de 2018 cuando terminaron de llegar las semillas al país. En total, están ensayando con 164 materiales genéticos, de los cuales 120 provienen de bancos de germoplasma del exterior (60 de Estados Unidos y otros tantos de Europa), y los de la primera cosecha –que no incluye todas las variedades puesto que algunas hasta son silvestres y no comestibles– podrán ser degustados este fin de semana en la “Feria del productor al consumidor” que se realiza todos los meses en la FAUBA.

“Elegimos el tomate porque es el desprestigio de los mejoradores: producto del mejoramiento, el tomate actual es peor que el de hace 50 años. El mejoramiento descuidó al tomate porque tomó en cuenta cuestiones que daban respuesta a una demanda comercial pero subestimó el sabor y hoy la gente dice que antes el tomate tenía gusto y por culpa del mejoramiento lo perdió”, explicó Schrauf, y advirtió que las semillas disponibles actualmente son híbridas, costosas y que, en algunos casos, hasta se vende un plantín en el que se injertó el tomate en un pie de especies silvestres, también híbrido, para que tolere diversas enfermedades.

Propiedad colectiva

Este programa de recuperación de tomates ha sido pensado como una iniciativa a largo plazo, que contempla la posibilidad de generar un banco de germoplasma propio en la misma FAUBA, y están en conversaciones con otros bancos de germoplasma en distintas regiones del país para ampliar también su conservación y registro. Además, cuentan con la colaboración de especialistas en horticultura, del laboratorio de análisis sensorial y de un grupo de Chascomús que mide la eficiencia de fotosíntesis y se ofreció a colaborar para medir esas características fisiológicas en la colección.

Este programa de recuperación de tomates ha sido pensado como una iniciativa a largo plazo, que contempla la posibilidad de generar un banco de germoplasma propio en la misma FAUBA.

“Darle difusión fue muy bueno porque hizo madurar mejor el proyecto”, destacó Schrauf, y agregó: “El primer paso era que no se perdieran esos materiales y que se mantuvieran en la Argentina. El salto hacia adelante es que los productores sean también multiplicadores, además de que continuamente habrá pruebas en las que tal vez muchos de esos materiales no toleren un traslado de Buenos Aires a Córdoba, por ejemplo, pero sí de una huerta a la cocina, manteniendo ese gusto que se perdió. Entonces, aquel que tenga su propia huerta seguramente lo va a multiplicar y va a ser la garantía de que esos materiales persistan”.

Así, esperan que estas variedades de tomate se multipliquen en distintas zonas del país y también poder hacer un seguimiento de ellas y cómo se adaptan a cada lugar. Para ello implementarán un sistema de semillas abiertas denominado Bioleft, que incluye tres herramientas: un conjunto de licencias de código abierto (que implica que la semilla puede ser usada libremente con la única condición de que no sea apropiada ni patentada), una red de productores que se comunican entre sí y una plataforma virtual (desarrollada por la cooperativa de software Gcoop, también con herramientas de software libre y con licencia pública) para registrar y hacer un seguimiento del material genético.

Los integrantes del proyecto esperan que estas variedades de tomate se multipliquen en distintas zonas del país y también poder hacer un seguimiento de ellas y cómo se adaptan a cada lugar.

“Lo más importante hoy es que el mejorador, en este caso la Cátedra de Genética de FAUBA, y los productores que utilizan esta plataforma, empiecen a intercambiar información sobre cómo se desempeña la semilla en distintos tipos de ambientes”, le dijo a TSS Anabel Marín, directora de Bioleft, y sostuvo que actualmente están buscando distintas fuentes de financiamiento para continuar con este proyecto, que fue uno de los ocho elegidos para participar recientemente en el programa MediaLab Prado, en la ciudad de Madrid, en España, y que actualmente están trabajando en la elaboración de dos nuevas iniciativas en conjunto con instituciones de ese país y de México.

“Vamos a aprovechar esa plataforma para monitorear qué resultados dieron las semillas que entregamos, qué dificultades hubo, qué enfermedades aparecieron y si las atacó algún insecto. De ese modo, cada decisión va a estar enriquecida con los datos de cada uno de los productores y creo que un mejoramiento así es imparable”, afirmó Schrauf. Y concluyó: “Cuando hay un germoplasma que es muy importante, es un riesgo enorme que la responsabilidad de su multiplicación quede en manos de un solo grupo o institución. Si quiero que se multiplique, qué mejor que un productor, que a su vez le gusta el material, sea el guardián de las semillas”.

Prensa

Algunos artículos y notas sobre Bioleft en medios de comunicación: 

Busca la UNAM preservar patrimonio biocultural – 724.tv – Enero 2020

UNAM encabeza proyecto de conservación de semillas para preservar nuestro patrimonio biocultural – Boletín UNAM – Enero 2020

Cambio climático y automatización: el desafío que define el futuro de la agricultura  – El Mostrador – Diciembre 2019

Tomates nativos “recuperados” por la FAUBA, entre los más sabrosos  – InfoCampo – Noviembre 2019

Se realizará la primera entrega de semillas de tomates criollos antiguos – AgroSitio – Septiembre 2019

Entrevista a Anabel Marín, directora de Bioleft, por Ley de Semillas – Cosechas y Negocios, Radio con Vos – Agosto 2019

Entrevista a Anabel Marín, directora de Bioleft, por Ley de Semillas – No dejes para mañana, Radio con Vos – Agosto 2019

 

Guardianes de las semillas  – Agencia TSS, UNSAM – Marzo 2019

Recuperar el sabor del tomate: entre el mercado y el consumidor – Agrofy News – Febrero 2019

Qué están haciendo para que el tomate recupere el sabor – La Capital de Mar del Plata – Febrero 2019

Libérate, semillaRevista Acción – Enero 2019

Lidera un grupo de científicos que impulsa el uso de semillas de código abierto – La Nación – Noviembre 2018

Los innovadores del año – La Nación – Noviembre 2018

Lanzan una semilla de código abierto para ser mejorada colectivamente – Agrofy News – Noviembre 2018

La batalla de las semillas en Argentina – Diálogo chino – Noviembre 2018

Semillas con derecho de copia – Revista Infotechnology – Octubre 2018 (pdf)

Entrevista en el programa radial Partida doble – Radio UBA – Octubre 2018

Ubuntu: nueva semilla con código abierto – Supercampo – Septiembre 2018

Ubuntu: nueva semilla con código abierto

Ubuntu, una leguminosa forrajera mejorada por la UBA – Radio Nacional – Septiembre 2018

Ubuntu, una leguminosa forrajera mejorada por la UBA

Bioleft, con un potencial enorme – El Popular – Septiembre 2018

Semilla colectiva – Agencia TSS – UNSAM – Agosto 2018

Semilla colectiva

Semillas con código abierto

Novedades