Oct 03

Segundo taller “Hacia el mejoramiento participativo de tomate”

El 1 de octubre, un conjunto de productorxs de tomate y mejoradorxs de instituciones públicas se reunieron de manera remota en el segundo taller “Hacia el mejoramiento participativo del tomate”, generado por Bioleft. El objetivo de este taller es co-diseñar metas de mejoramiento que luego se perseguirán a través de diversos proyectos, y a la vez contribuir al armado de la plataforma digital Bioleft estableciendo de manera colectiva qué datos son relevantes para el cuaderno de campo, una de las secciones más importante. Esto se realiza en el marco de los tres experimentos que Bioleft desarrolla con financiamiento de la Conservation, Food & Health Foundation.

Esta vez participaron equipos de mejoramiento de las universidades nacionales de La Plata, Cuyo, Rosario, del Litoral y de Buenos Aires, así como del INTA de Jacobacci, Río Negro. Entre los productores se contaban representantes del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y de la cooperativa de producción y comercialización Hormigas y caracoles. También aportó sus ideas Alex Edleson, fundador de la semillera de semillas orgánicas y agroecológicas Constelación y parte del equipo asesor de Bioleft.

El sabor, parámetro fundamental

Tras una ronda de presentaciones, Almendra Cremaschi retomó el trabajo del taller de tomate anterior y presentó los objetivos de este segundo taller: filtrar las metas de mejoramiento para iniciar un proceso colectivo. Para eso, recordó los desafíos identificados en el primer taller en torno a la semillas de tomate: robustez, sanidad, rendimiento, duración post-cosecha, resistencia de consumidores a variedades de aspecto no convencional, entre otros. Se agregó el sabor como un eje prioritario, y se discutió la posibilidad de trabajar más cerca de quienes consumen, con degustaciones y educación en torno a las diversas variedades de tomate.

En cuanto al proceso colaborativo, se acordó una primera etapa de evaluación de todas las semillas, considerando la diversidad de ambientes. En función de esto, representantes del proyecto Al rescate del tomate criollo (FAUBA) se comprometieron a enviar semillas para evaluación tanto para fines productivos como para evaluación en otras universidades. El equipo de Rosario contó su estrategia de seguimiento de los materiales en el cordón periurbano y se acordó que es necesario entrar en contacto con mayor cantidad de personas en el área de producción.

Las últimas palabras las dejó Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y parte del consejo asesor de Bioleft: “Empezamos a caminar, va a ser un lindo ejercicio para compartir la plataforma con Rosario.”